08/03/2010
Acerca del informe de OIT sobre las tendencias mundiales del empleo para el 2010
Por : Martha Martínez Navarro
Asesora Federación Sindical Mundial -América
ACERCA DEL INFORME DE OIT SOBRE LAS TENDENCIAS MUNDIALES DEL EMPLEO PARA EL 2010-
Por Martha Martínez Navarro
Asesora Federación Sindical Mundial -América
El pasado 26 de enero la OIT divulgó su informe anual sobre las Tendencias Mundiales de Empleo para el 2010, reconociendo que la tasa de desempleo mundial alcanzó su nivel más alto en el 2009 con cerca de de 212 millones de personas sin trabajo.
En el informe, se señala que los niveles de desempleo se mantendrán elevados en el 2010 y pronostica que otras 3 millones de personas se quedaran sin trabajo en los países desarrollados y la Unión Europea, pudiendo alcanzarse una tasa de desempleo de 8,9 por ciento en 2010.
Para América Latina y el Caribe, la OIT estimó un cierre de año con una tasa promedio de 8,2 cifra que representa 4 millones más de desempleados y para 2010, considera que el desempleo disminuirá levemente hasta cerca de 8,0 por ciento.
Otras acotaciones señaladas en el documento indican que los jóvenes desempleados en el mundo suman 10,2 millones en 2009 y que el número de personas con empleos vulnerables aumentó en más de 110 millones en relación al 2008 por lo que se estima que el porcentaje de trabajadores con empleos vulnerables a nivel internacional superará los 1.500 milones de personas.
La OIT fijó en 215 millones los trabajadores que estaban en riesgo de caer en la pobreza para sumarse a los 633 millones de trabajadores y familias que ya viven con menos de 1,25 dólares estadounidenses por día.
A pesar de que las cifras y estimaciones ofrecidas ilustran la catástrofe que ha penetrado a un mundo global manchado por los despidos, la falta de empleo y la precariedad creciente, las soluciones que propone la OIT no se dirigen al foco causal de este fenómeno y algunas de sus apreciaciones son meramente teóricas.
Plantear que las medidas de estímulo “han logrado evitar una catástrofe social y económica mucho mayor”, es asumir, desde una posición errada, que los millones de personas del mundo que según su propia afirmación “aún no tienen trabajo, beneficios de desempleo o acceso a cualquier otro tipo de protección social” y los centenares que mueren de hambre cada día, no son suficientes para declarar que el mundo sufre ya una catástrofe máxima que amenaza la vida humana y la del planeta.
Es evidente que las descripciones y estadísticas ofrecidas por el organismo internacional demuestran, de forma fehaciente, que las medidas de estimulo no han proveído más empleo ni más salario para garantizar el sustento mínimo para la supervivencia humana. Sin embargo, con este crédito inmerecido que el informe concede a las
“medidas de estimulo”, se está dando respaldo a las decisiones del G-20 y concediéndoles el mérito de haber logrado evitar, hasta este momento “explosiones sociales de alto riesgo para el modo de producción capitalista.
Por otra parte, la falta de un acuerdo en el Foro de Davos, concluido con posterioridad a la divulgación del Informe, demuestra lo iluso de continuar confiando en las decisiones de foristas de traje y corbata que están muy lejos de entender - como prioridad política de hoy día - la búsqueda de una recuperación económica creando empleos.
Por el contrario, la historia y la memoria de nuestros pueblos, les acredita como culpables directos de los salarios y contrataciones indignas, de las prestaciones de trabajo escasas y de baja calidad, de los despidos injustificados, de las prácticas discriminatorias a la mujer y los emigrantes, del acoso laboral, de condicionar los riesgos a la salud e integridad física de los trabajadores, de cometer falsedades contables y fiscales, de prácticas de competencia desleal y ataques ecológicos.
Con estos antecedentes confiar en la honradez, la voluntad y comportamiento ético de los empresarios, es glorificar la voracidad destructora del capital y negar la incapacidad del sistema capitalista para solventar bases de prosperidad para el universo de habitantes del planeta.
Como acertadamente afirma Eduardo Andrade Bone:”…. Lo único que refleja el foro de los grandes empresarios, es que el sistema capitalista mundial, y en especial el de los Estados Unidos, Europa y Japón, se encuentra gravemente enfermo, internado en la Unidad de Tratamientos Intensivos, en estado terminal, y que no queda otra cosa que seguir aplicándole toda la quimioterapia que sea posible, hasta que se produzca su fatal desenlace”.
Otro cuestionamiento se enmarca en la exhortación que se realiza a los líderes mundiales para aplicar la misma decisión política que en su momento salvó a los bancos para salvar y crear puestos de trabajo con una “fuerte convergencia entre políticas públicas e inversión privada”.
Es esta una opinión cuestionable, al menos para América Latina, región e la que desde hace más de 30 años la inversión privada se ha multiplicado y extendido a los sectores públicos invadiendo la competencia y funciones del Estado. Por tanto no podría en esta región lograrse convergencia alguna debido al desequilibrio patente y a los privilegios que los propios gobiernos conceden al inversor privado en detrimento de sus poderes. Es cierto que una de las medidas a tomar por los Estados debe estar encaminada a la implementación de políticas públicas, pero estas no pueden diseñarse atendiendo los intereses y expectativas del capital privado. Esta fórmula solo responde a los intereses de los poderosos e influyentes mandantes de la OIT, que continúan defendiendo el mercado y la participación limitada del Estado en los asuntos de la economía libre.
Un aspecto discutible del informe es la afirmación de que “el descenso del rendimiento por trabajador y de la productividad condiciona el deterioro en las condiciones de trabajo”.
Históricamente los empresarios capitalistas han exigido incrementos de la producción para acceder a peticiones de ascenso salarial o han amenazado con ejecutar recortes de personal o reducir la plantilla cuando la elevación de los salarios no se corresponde con el incremento de la productividad. Sin embargo, en tiempos de usura neoliberal y relaciones laborales flexibles, la relación productividad- condiciones de trabajo reemplazó a la relación productividad-salario alcanzando los derechos que giran en torno a la estabilidad, la protección de la persona, su seguridad y salud, la formación y capacitación profesional y otros derechos que se engloban dentro del concepto jurídico de condiciones de trabajo, sin las cuales el trabajo del hombre, eficiente o no, se estaría desempeñando en condiciones similares a las de la esclavitud o la servidumbre.
La flexibilización de las relaciones laborales deterioró las condiciones de trabajo bajo el pretexto de reducir los costos laborales y obtener mayores márgenes de rentabilidad y de ganancia, a pesar de que todavía en 1998 la OIT afirmaba que con la flexibilización laboral se lograría "un mejor funcionamiento de las empresas, aumento de la productividad y descenso de los costos salariales", así como una tendencia a acortar las horas de trabajo.
Al aceptar el criterio de que existe un vinculo de correspondencia causal entre la disminución de la productividad y la rebaja de las condiciones de trabajo, se está ignorando que la cota de productividad depende de la combinación de otros factores productivos que intervienen en la producción y en segundo orden se desestima el impacto que la especulación financiera desenfrenada de los últimos años causó al sector productivo.
Finalmente el Informe presenta al Pacto Mundial para el Empleo como remedio para hacer frente a la grave crisis de trabajo, asegurando que sus políticas son viables y de probada eficacia y se enfocan en la creación acelerada de empleo y sistemas de protección social sostenibles, en el respeto a las normas internacionales del trabajo y fortalecimiento del diálogo social”. Si bien el contenido teórico del Pacto es plausible, no deja de ser una variante actualizada para esta época de crisis, de las políticas impulsadas por OIT a través del Programa de Trabajo Decente, proyecto en el que por más de 10 años se han invertido cuantiosos recursos en las fases de capacitación y dialogo sin lograr la implementación satisfactoria y una transformación favorable para los trabajadores.
Surge entonces otra interrogante ¿Cuánto tiempo más necesitarán ahora los mandantes de la OIT para implementar el Pacto y obtener resultados?
Correspondería a la OIT en estos tiempos lograr- con presión y sin indulgencia - que los empleadores y en particular las trasnacionales pongan fin a los despidos masivos, que aseguren salarios justos, prestaciones suficientes y de calidad, protección para la vida y salud y la estabilidad del empleo con independencia de los asfixiantes movimientos del mercado y hacerlo no apelando a la confianza y a políticas inoficiosas, sino sosteniéndose en el uso óptimo de sus mecanismos de control regular.
En cuanto a los gobiernos, apremiarles al cumplimiento de sus obligaciones para con la nación y sus ciudadanos, creando fuentes de trabajo, aplicando control y penalidad a las patronales nacionales o extranjeras infractoras y recuperando su papel regulador de las relaciones laborales.
Es además urgente que la OIT active su función normativa con la adopción o revisión de convenios vinculantes, centrando su atención prioritaria no solo en convenios que configuran los llamados Derechos fundamentales, sino en otros instrumentos normativos vinculantes como el Convenio 102 y 122 sobre política de empleo y seguridad social respectivamente.
Primero en tiempos de neoliberalismo acérrimo y luego en esta época de crisis, la OIT lejos de alcanzar sus fines y objetivos, se ha distanciado de ellos al pasar a un segundo plano su función normativa, sustituyéndola por “declaraciones” y “programas” y “ pactos”, que pretenden hacer viables con el reforzamiento de la función de asistencia técnica y con el resultado de un dialogo social, del que habla y defiende hasta la saciedad, pero que ha resultado inoperante, no representativo de los trabajadores, ciudadanos e intereses nacionales y en el que, al igual que ocurre en el seno de la OIT, impera la voz y la decisión de gobiernos y empresarios al servicio del gran capital trasnacional acompañados por representantes de un movimiento sindical que monopolizando su presencia en la OIT, no responde a los intereses de los trabajadores.
Las cifras, los pronósticos y la teorización solo confortan a los necios que siguen sin comprender que lo que hay que hacer - y rápido - es reemplazar el orden económico mundial capitalista y su naturaleza explotadora - depredadora, y esto no se logrará con discursos, con promesas que nunca se cumple, ni con remiendos tullidos.
Sin dudas la OIT no podrá lograr cambios en el mundo sin transformarse y sin resolver una materia pendiente: su democratización y la reevaluación de la funcionalidad de su tripartismo como garantía para el ordenado equilibrio y representatividad de sus miembros. Por ahí ha de comenzar la verdadera búsqueda de justicia social.
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